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Sor Juana de Maldonado y Paz

Existió hace tiempo una mujer excepcional y polémica: amada por muchos, aunque también odiada. Se llamaba Juana de Maldonado y Paz, también conocida como sor Juana de la Concepción, y fue registrada en la historia con exageración y extravagancia.

Mucho se ha dicho de sus lujos y vida estrafalaria: desde que poseía un palacete especialmente diseñado para ella dentro del convento, hasta que recibía favores «especiales» del obispo o que la visitaban personajes ilustres de su época entre lujos impensables para una religiosa. Pero, ¿era sor Juana realmente como la describe la historia?

Según el investigador Mariano López Mayorical, Juana nació en la Ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala en 1598. Fue hija de Concepción de Quintanilla, quien murió cuando Juana tenía cinco años de edad y de quien no se conoce mucho más. Su padre, por el contrario, fue Juan de Maldonado, oidor de la Real Audiencia del Imperio Español, lo que era un alto cargo en la administración colonial.

Juana tuvo una educación privilegiada, poco usual para las niñas y jóvenes de esa época, cuando las hijas de familias peninsulares tenían como destino el matrimonio arreglado o la vida religiosa. Cabe mencionar que en la mayoría de casos, la vocación religiosa no era motivo para consagrarse al claustro, sino que este era más una opción para evitar la deshonra social al no encontrar esposo o al carecer de un estatus social aceptable para contraer nupcias.

Juana de Maldonado entró al Convento de la Concepción en 1619 y tomó el nombre de sor Juana de la Concepción. Aunque se desconocen con certeza las causas que la llevaron a tomar la vida religiosa, se ha dicho que fue producto de una decepción amorosa provocada por don Santiago de Córdova, quien se habría burlado de ella y, luego, huido a México con una mujer casada; supuestamente, para evitar la vergüenza y la deshonra, su padre la habría recluido en el convento.

Con lo anterior, imaginamos a una Juana desencantada, deprimida y desdichada por su cruel desengaño, pero años más tarde, la hipótesis del desamor fue descartada debido a que Córdova llegó a México en 1625, seis años después de que Juana ingresara al convento; por lo tanto, su decisión no fue por despecho.

Thomas Gage, un dominico inglés que viajó por el Nuevo Continente durante el siglo XVII para evaluar las acciones de la Corona Española en las tierras recién descubiertas, fue quien escribió sobre Juana de Maldonado y su estilo de vida. Fue él quien describió exageradamente las posesiones del convento y las de Juana. Resulta interesante que este hombre fuera quien inició el rumor que Juana recibía costosos regalos de parte del obispo, al punto que llegó a la ruina y murió endeudado. En sus memorias, Gage escribió también sobre la mala imagen de Juana en el convento al ser nombrada abadesa sin contar con la edad ni la experiencia requeridas, cosa que le ganó el desprecio de sus compañeras de convento y que terminó en una revuelta sin precedentes entre las monjas disgustadas y la gente que la apoyaba. Fue tan grave el escándalo que, según Gage, se escuchó hasta en la Plaza Central de la ciudad.

El mismo Thomas Gage calificó la vida de Juana como fastuosa, lujosa y excéntrica al punto que llamó la atención de ladrones; sin embargo, investigaciones históricasⁱ han comprobado que tal cosa no fue cierta, pues las posesiones personales de la monja eran pocas y las grandes colecciones de instrumentos y libros a las que Gage hace mención realmente pertenecían al convento. Hoy se sabe que, contrario a lo que Gage afirmó, Juana pasó por períodos de escasez económica, lo que incluso la forzó a vender sus esclavas.

En una época en que la escritura era exclusiva para hombres y era prácticamente imposible que una mujer destacara en este arte, Juana sobresalió. Aunque se ha concluido que no todas las obras literarias que se le han adjudicado son de ella, sino anónimas, nos seduce todavía la idea de una poetisa brillante y audaz escritora, que por seguro lo fue.

La realidad es que sor Juana fue una mujer que, aunque rodeada del escándalo, vivió una vida austera, cumplía con sus deberes y atribuciones hasta el último momento como abadesa del Convento de la Concepción, en cuyo interior no se encontraba ningún palacete lujoso, sino más bien una humilde celda de tamaño razonable.

Tener una idea romantizada de una mujer rebelde, ambiciosa, autónoma, astuta, voluntariosa, que disfrutaba de la pleitesía y admiración de muchos durante el siglo XVII nos resulta muy fascinante. Como opinión personal, debo confesar que este personaje me atrajo instantáneamente cuando necesitaba modelos femeninos qué seguir: mujeres que no fueran sumisas, que fueran contra todo y todos, mas no feministas desatadas cuyo destino fuera la hoguera, sino mujeres que marcaran la diferencia a través de su personalidad y entereza.

Es hasta ahora, al profundizar en la vida de sor Juana, que me doy cuenta de que su personalidad ha sido distorsionada a través de la historia y seguramente estaba muy lejos del estereotipo de mujer fatal que se le asignó en su época. Sin embargo, eso, precisamente, la hace más interesante aún. Sor Juana es una leyenda popular, un personaje literario; es la sutil representación de una mujer cuya historia fue construida a través del tiempo. Me pregunto, ¿qué pensaría doña Juana de su vida si pudiera leerla hoy en Wikipedia, donde se le describe como una mujer polémica? ¡De seguro le causaría mucha gracia!

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