Ir al contenido principal

Elena, la abuela, y el ángel


 Elena, de 11 años, se sentaba todos los días a las 3 de la tarde a ver la novela con su abuela. La anciana, una señora muy católica, se aseguraba de taparle los ojos a la niña en esas escenas “feas”, como ella les llamaba. A Elena no parecía importarle, y muy atenta, continuaba viendo “Pasionaria”.

Un día, mientras la abuela meneaba su cabeza de un lado a otro perdidamente dormida, Elena se atrevió a imitar la escena de un beso apasionado. Cerró los ojos, llevó el puño a su boca. Lo besó, y besó, y cuánto lo disfrutó. En algún momento abrió un ojo, para asegurarse que la anciana seguía dormida, pero cuando se dirigió a seguir besándose la mano, se encontró con la mirada del cuadro del Ángel de la Guarda en su cabecera, juzgándola, viéndola con ira y desaprobación. 

Se asustó, se asustó mucho, e inmediatamente dejó de hacer lo que hacía. Cuánta culpa, vergüenza y suciedad sentía. El desasogiego era terrible. Esa noche casi no durmió, y la certeza de tener al Ángel de la Guarda en sobre su cabeza, le aterrorizaba. Al otro día, como todos los días, la abuela encendió el televisor, y pronto se durmió. Elena esta vez, ignorando todo miedo, tomó al Ángel de la Guarda y le dijo: “Angelito de la guarda, dame chance un rato” lo puso sobre la mesa de noche, de espaldas, viendo a la pared. 

Se encontró con su puño, y continuó con la práctica, y eso la llevó por unos años más a descubrir otras cosas maravillosas de ella misma, por las noches, o cuando la abuela dormía. En cuanto al ángel, nunca más volvió a estar en la cabecera, la pared sería siempre su vista.

“Quería tan solo intentar vivir aquello que tendía a brotar espontáneamente de mí. ¿Por qué había de serme tan difícil?”
-Demian, de Hesse.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Sor Juana de Maldonado y Paz

Existió hace tiempo una mujer excepcional y polémica: amada por muchos, aunque también odiada. Se llamaba Juana de Maldonado y Paz, también conocida como sor Juana de la Concepción, y fue registrada en la historia con exageración y extravagancia. Mucho se ha dicho de sus lujos y vida estrafalaria: desde que poseía un palacete especialmente diseñado para ella dentro del convento, hasta que recibía favores «especiales» del obispo o que la visitaban personajes ilustres de su época entre lujos impensables para una religiosa. Pero, ¿era sor Juana realmente como la describe la historia? Según el investigador Mariano López Mayorical, Juana nació en la Ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala en 1598. Fue hija de Concepción de Quintanilla, quien murió cuando Juana tenía cinco años de edad y de quien no se conoce mucho más. Su padre, por el contrario, fue Juan de Maldonado, oidor de la Real Audiencia del Imperio Español, lo que era un alto cargo en la administración colonial. Juana tuv...

Proyecto Poporopo

Un día de estos les voy a contar la historia de cuando me espantaron en pleno día, en vivo y a todo color, en la casa de Proyecto Poporopo en Guatemala. En julio de 2018, Cristina, la hermana de Lino, mi novio, fue de visita por una semana a Guatemala. El primer día hicimos un tour por la zona 1; visitamos la 6ta. Avenida, la Catedral, Palacio, etc., también fuimos al Cerrito del Carmen, porque casualmente en esos días estaba la Feria de la Virgen. Había mucho calor, entonces al final del recorrido, nos fuimos a tomar “alguito” al Proyecto Poporopo, que está allí por la 4ta. Calle, a eso de las 5:00 p.m. Llegamos, y nos sentamos en el bar. Yo me fui al baño enseguida, pero antes de entrar, vi que una señora iba entrando también. Cerca de mí, estaba un muchacho barriendo, y a unos pocos metros, en la cocina, estaba una señora cortando verduras, o algo así. Fue entonces que el muchacho que estaba barriendo, me dijo: -“Seño, el baño allí está enfrente, entre”. -Yo: “Estoy espera...

El café para el abuelito

  Corría el mes de junio, cuando las estaciones aún llegaban a tiempo. Llovía a diario, justo después del medio día. La lluvia dejaba después un olor a tierra mojada, muchos charcos, y a varios zompopos de mayo, a quienes los patojos ponían a jugar luchitas, y apostando medio centavo a cada rival. Era en el callejón Delfino, donde pasé toda mi infancia, llena de juegos, raspones, aventuras, e historias. Todos los patojos de la cuadra nos reuníamos en las tardes, después de la escuela.  En la banqueta alta siempre se sentaba la Nía Dalia, a leer sus revistas de moda y vanidades, mientras se fumaba su chancuaco. Frente a esa banqueta, estaba la casa de Don Atilio y Doña Carmen, una pareja sin hijos, ambos ya de avanzada edad, a quienes pedíamos siempre la pelota cuando la lanzábamos a su patio. Doña Carmen siempre fue amable, pero Don Atilio, ese viejito era cosa seria. Bravo el condenado señor. Al final del callejón estaba la casa de Don Ramiro, quien ya llevaba varios años sol...