Si alguien no está preparada para esta vida, esa soy yo. Y es que, ¿quién en realidad lo está? Nos habían invitado a pasar el fin de semana a un pueblito que está casi olvidado por Dios, pero no tanto. Situado en las faldas del volcán Pacaya, San Vicente, es un pueblito mayoritariamente ladino, como dicen todos aquellos que les gusta mucho esa palabra y niegan que a lo mejor su apellido materno lleva una X, o una CH. Tienen cerca una laguna. En ella descubrí que los pedos en el agua sí huelen, y que bien te podés morir ahogada por tratar de rescatar tu cancleta anaranjada suave chapina. Pero esos descubrimientos no son relevantes, aunque sí muy útiles. Pero centrémonos en la anécdota del Volcán de Pacaya. Ese famoso volcán que en varias ocasiones nos ha tiznado, y ha chingado los wind shields de varios carros en la Ciudad de Guatemala y alrededores. Ese volcán que cuando escuchábamos su nombre cuando éramos pequeños, realmente pensábamos que cuando hacía erupción arrojaba pacayas....

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