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Juana, la mujer que fue Papa

 

Nació en Alemania, en 1822. Al tener nulas posibilidades de desarrollar su intelecto, Juana decide hacerse pasar por hombre, adoptando el nombre de «Juan el Inglés». Su audacia e inteligencia la llevaron a trabajar en abadías, donde logra profundizar en sus estudios de medicina. El Papa León IV la conoció y quedó impresionado con su erudición, por lo que la introduce en el mundo del Vaticano. Al morir dicho Papa, Juana es elegida como la máxima autoridad de la Iglesia Católica, bajo el nombre de Juan VII. Siendo Papa, Juana queda embarazada del embajador de Sajonia en el Vaticano. La vestimenta papal le ayudaría a disimular su estado. Pasados los 7 meses de embarazo, Juana presidía una procesión por las calles de Roma, cuando de repente, entró en labor de parto. Los obispos, el clero y el pueblo romano no daban crédito a tal aberración: EL PAPA ESTABA DANDO A LUZ A UN NIÑO. Movidos por el escándalo y el horror, la apedrean a muerte, y fue prácticamente borrada de la historia, a causa de la vergüenza que le causaba a las autoridades eclesiales de la época, haber sido engañados por una mujer.

Desde ese suceso, se comenzó a practicar un exámen físico a los Papas electos. Si el Papa, en efecto, era hombre biológicamente, el que lo inspeccionaba debía exclamar: «Duos habet et bene pendentes», que significa: «Tiene dos, y cuelgan bien».


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